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    Estamos preparando la temporada 2021 / 2022 y por fin podemos ofreceros el avance de los días y los horarios en los que se realizarán.

     

    Si quieres formar parte de nuestro club, ahora puedes hacerlo.

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    28 Mayo 2021

    resultados 22/23 Mayo

     

     

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    Hola a todos,

    Los acontecimientos y noticias empiezan a sucederse con velocidad. Para prevenir la propagación del virus Covid-19, desde la FFCV se ha emitido un comunicado en el que se informa de la suspensión de las competiciones por dos semanas.

    En el mismo sentido, informar que quedan suspendidos todos los entrenamientos hasta nuevo aviso. Tal y como vayan actualizándose las informaciones y recomendaciones sanitarias, os iremos informando.

    Aquí os adjuntamos el comunicado de la FFCV

    Comunicado

     

     

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    9 Febrero 2018

    Una jornada emotiva

    En recuerdo de Nacho Barberà, jugador cadete de la UD Alzira, fallecido el sábado 03/02/18 miemtras disputaba un partido de liga contra el Ontinyent CF

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    Entre los diversos tándems, que pueden aparecer en los sucesos y estudios sobre violencia en el deporte y en relación con el arbitraje, se encuentran los de jugador-árbitro (terreno de juego), técnico-árbitro (terreno de juego) y padres-árbitro (grada), otros son, jugador-jugador (terreno de juego), técnico-jugador (terreno de juego), padres-padres (grada), padres-jugador (grada). Hago esta distinción inicial, porque desgraciadamente, en las últimas fechas, han adquirido mayor relevancia los primeros. La violencia se activa cuando una de las partes despierta el instinto protector en los otros, los jugadores pueden disputar el encuentro inmersos en las incidencias que ellos conocen y experimentan permanentemente (faltas, interrupciones....), pero el técnico o la grada pueden no verlo desde el prisma de la normalidad, iniciándose una escalada de despropósitos y focalización extrema en el arbitraje.

    El deporte es una actividad reglada, lo que implica, que sin normas, ni persona o personas que juzguen, valoren y sentencien no sería posible. Estas personas deciden sobre las trasgresiones de la norma, son los responsables de la ejecución del reglamento, hacen valer la honorabilidad de los contendientes, pero también, son las personas a la que más se le exige y más se le denigra en una competición deportiva, y esto tiene que ver con las características que les atribuimos, con lo que esperamos de ellos y fundamentalmente con su principal función, la aplicación de la justicia, tomar decisiones en función de un reglamento, sancionar. La percepción de injusticia es un disparador de ira y enfado.

    En el ámbito del arbitraje todo se desproporciona. Cuando el punto de mira se pone sobre el árbitro, esto es lo que exigimos: debe tener buena condición física y psicológica, buena velocidad de reacción, buena memoria visual, conocer bien el reglamento, saberlo aplicar, ser justo, imparcial, equilibrado, firme, amable, debe tener carácter, coraje, valentía, coherencia, ser consistente en el juicio, sobrio, creíble, modesto, honesto, integro, debe comunicar bien, debe saber gestionar el conflicto, ser respetuoso, debe saber evitar la confrontación, no ser brusco, tener buen trato con el deportista, etc.

    Para ser padre no hay condiciones, incluso los más permisivos indican que no hay manual de instrucciones, se hace lo que se puede. A los jugadores se les permite y se les justifica, jugar a fútbol no es fácil, le botó mal el balón, no lo vio, era difícil, la idea era buena…..pero con el árbitro la historia cambia, queremos que sea un buen deportista, tenga buena presencia, sea modelo, se comporte como un educador y en definitiva sea una persona excepcional, porque les pedimos muchas cosas (valentía, imparcialidad, coherencia…..) y que todas las haga bien. Es muy injusto, que a unos no se les pida nada, a otros se les disculpe y a los últimos se les persiga.

    Para los que quieran pensar, en el fondo de todo, no está la pasión, está la irracionalidad. El jugador y el espectador de fútbol, generalmente, muestran su cara más parcial, se convierten en personajes que viven el fútbol en su versión monocroma, monocolor, sólo se interesan por un color, el suyo. Son seres poco empáticos, no hay más realidad que la propia, lo que veo es lo que es, lo que pienso me define. Nos persiguen, nos perjudican, nos atropellan, nunca somos causa de nada. En ese mundo reducido y unicoloreado, es fácil discrepar, es fácil enfadarse, es fácil gritar, es fácil insultar y es fácil golpear. La emoción moviliza, pero la razón debe guiarnos. Mucho antes de pedir perdón, detén a la bestia, date un tiempo, reflexiona, objetiva, toma consciencia del momento, en definitiva, valora y respeta a todos aquellos que hacen posible que muchas veces, presenciar un partido de fútbol, sea un verdadero placer. El día que consigas no referirte al árbitro durante y después de un partido, estarás en condiciones de formar parte de ese grupo de privilegiados que disfrutan del fútbol siempre, gane o pierda su equipo.

     

    Ya nadie puede escapar a la vergüenza que genera la violencia en el deporte y darle la espalda en estos momentos es posicionarse en el bando de los primates. La prensa y la TV han entrado pidiendo soluciones, pero los debates sesgados y teledirigidos del sensacionalismo hacen hincapié en aspectos anecdóticos, morbosos y marginales.

    ¿Qué hay detrás de la violencia en el deporte?, ¿sólo se da en el fútbol? Obviamente si se habla de violencia en el deporte es porque ese es su continente, su espacio, pero en el caso del fútbol, una practica masiva junto a un interés desproporcionado, es lo que hace que acabemos especificando y vinculando la violencia al fútbol. Hay quien piensa que los seguidores del fútbol son personas más primitivas, más simples y más manipulables, pero eso es uno de los mitos que acompañan a este deporte. Veamos ahora que hay a la sombra y que hay a la luz, siendo la tesis a defender que la violencia en el deporte es un asunto multifactorial con factores que además interactuan y se influyen. Dejemos de atacar sólo a los que se ven siempre en la foto o en el video, jugadores, técnicos y padres, lo que no significa que deban quedar fuera del debate.

    De una parte tenemos una sociedad que ensalza el culto a un cuerpo intimidador, una sociedad que proporciona una visión de la valentía y la cobardía que promociona el sufrimiento personal, como ejemplo, chivarse es de cobardes y denunciar algo es de poco hombres. De otra parte se defiende el grito y el insulto como forma de hacerse oír y defender el subjetivismo y todos sabemos que de la ofensa al golpe se pasa a la velocidad de la luz. Los medios de comunicación han detectado que la falta de respeto, el lenguaje soez y la chulería, atraen a la audiencia, fidelizan personas carentes de metas que hagan de su existir una vida interesante, pero eso ya no importa, la función ya no es informar, es entretener. Esta sociedad se contradice y manda mensajes ambivalentes, se condena la violencia, se persigue al boxeo, a la vez que apuesta por el nerviosismo, las prisas y las urgencias. Las personas se debaten entre la tristeza y el enfado, los tipos humanos que menos suman. Es una sociedad desequilibrada emocionalmente hablando, trastornada.

    De otra tenemos unos padres que cada vez tienen menos tiempo para educar y en el caso de que lo tengan, la superprotección invalida que los hijos asuman responsabilidades, adquieran compromisos sociales y caminen por el desarrollo más conveniente para la vida en sociedad. No hemos hablado de saber educar o para que hay que educar, o donde no puede haber negociación alguna. ¿Y qué ocurre cuando además de lo dicho, ven en el niño un posible negocio?, ¿qué ocurre cuando se miran al espejo y ven dólares en los ojos?, pues puede ocurrir lo siguiente, que piensen que las Escuelas de Fútbol estén perjudicando la evolución del nano, que el niño debe jugar siempre porque es la mejor forma de progresar y de que alguien lo pueda fichar. También pueden pensar que no se entrena con la suficiente intensidad, que el entrenador no sabe, etc. Como consecuencia, cambio de escuela tras cambio para hacer del nano un nómada y del padre un crítico de la nada. Y mientras tanto enfado, conflicto y rabia.

    Con lo dicho, ¿tenemos encuadrado el problema?, pues no, hablemos ahora de los técnicos y de su cuota de problema.  En muchos casos, son personas modélicas para sus jugadores, considerando la acepción positiva y en otros casos confunden la competitividad con la agresividad. Motivan para el choque y la confrontación física, “mete la pierna”, “que no pase”, “es todo tuyo”. Instruyen para el automatismo, “no pienses, actúa”, robotizan, "sube", "baja", "a tu izquierda". Los chavales se pasan los partidos mirando a su entrenador o a su padre, eso se traduce en atención inadecuada, pérdida de concentración, sobreactivación, ansiedad. Algunos, hablan mucho en los partidos y nada en los entrenamientos, llegándose a la paradoja de que a veces exigen cosas que los nanos no saben que tienen que hacer. Este discurso es bastante pesimista, pero aunque muy extendido, no es atribuible a la mayoría. El técnico tiene que darse cuenta que quien tiene que demostrar son sus jugadores y no él, no es bueno trabajar para la galería, la promoción personal debe pasar por el juego de sus equipos y eso significa hablar con los jugadores, reforzarles, instruirles, interesarse por su vida, por los estudios........

    Y que pasa con los árbitros y el arbitraje que tanto incomoda y a los que erróneamente se les pone en el punto de mira del origen de la violencia. Desde la psicología sabemos que a los árbitros se les piden cosas que no pueden cumplir y no porque no quieran, sino porque la naturaleza humana no les faculta para más. La mayoría de las decisiones arbitrales se dan con una certeza del 60, 70 ó 80%, a eso le llamamos juicio intuitivo. El error o el acierto por azar se encuentran en el mismo camino. Se les recrimina que no lo vean todo, sin considerar que están siempre en terreno hostil con jugadores que juegan al engaño y al despiste intencional, con perspectivas que ocultan los detalles de la infracción. ¿Sabéis que pasa cuando tienes que decidir en segundos?, que algunas veces la decisión no se ve acompañada por el silbato y otras se pita antes de decidir.

    Aunque hay más factores a considerar, finalizaré aludiendo a los jugadores y con mucha brevedad. Terminaré con esos receptores de las frustraciones, manías, obsesiones e intereses de los adultos, en el formato de padres, directivos o entrenadores. Nanos a los que se les puede decir que no hagan daño, pero sí que intimiden. Chavales a los que cuando se muestran con dureza extrema se les dice que han hecho un partido estupendo y se les felicita. Jugadores en los que se alienta el orgullo de derribar al adversario o no dejarlo jugar. Pero la historia ya les viene de atrás, cuando son pequeños reciben un doble mensaje, el de sus entrenadores y el de sus padres, cuando son contradictorios el nano lo vive con mucha presión y con ganas de dedicarse a otra cosa. Incluso en esas situaciones tan personales también lo paga el grupo, porque las decisiones tácticas deesaparecen, y sino pensad en esto, "tienes que tirar más a puerta", "no pases tanto, tienes que intentarlo tú", "en el área se finaliza, no se pasa", "por cada gol el papa te dará un euro", "tienes que pensar más en tí", etc. Las urgencias de destacar y de ganar como claves del éxito destierran la paciencia, la tenacidad, el trabajo, el esfuerzo, la solidaridad, el compañerismo. No hay nada fácil, pero las prisas consiguen menos.

    A todos, alguien tendrá que decir con voz alta que con la ira no se juega.

     

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