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    Es bastante habitual describir o comentar un partido de fútbol refiriéndose a la actuación arbitral. Siempre ocurre, en algún momento del discurso aparecerá la figura del árbitro y a partir de ese instante centralizará todo nuestro pensamiento, el concepto funciona como un anclaje que evita cualquier otro rumbo. Todos nuestros errores y nuestras deficiencias de repente quedarán reducidas y explicadas por el arbitraje.

    La verdad es que nos cuesta mucho prescindir de ciertas alusiones y nos cuesta poco magnificar la responsabilidad del árbitro. La justificación se centra en decisiones arbitrales de consecuencias muy negativas en la dinámica de nuestro equipo, “a partir de…..dejamos de hacer nuestro juego”, “si hubiera pitado la…….el resultado final hubiera sido otro”, “nos perjudicó constantemente”, “fue más tolerante con el otro equipo, a nosotros nos lo pitaba todo”…….Frases generalmente arbitrarias, caprichosas, carentes de fundamento, estadísticamente cuestionables y sujetas a interpretaciones interesadas.

    A mí me gusta decir, que toda crítica o todo informe del partido debe hacerse prescindiendo de las referencias al arbitraje. Si aún no lo hacéis, intentarlo, puede resultar un interesante ejercicio. Cuando un entrenador es capaz de analizar un partido sin introducir comentarios y frases hacia el árbitro, demuestra haber alcanzado ese punto de madurez que lo habilita como experto en fútbol, lo contrario lo encamina hacia la caricatura. Es como si fuéramos al cine y después habláramos de las butacas.

    No se entrena, ni se prepara un partido teniendo en cuenta los beneficios o los perjuicios de un arbitraje. Sobre el equipo podemos influir y ejercemos algún tipo de control, ¿sobre el árbitro? Todo esto debiera hacernos reflexionar y hacernos pensar que es mejor hablar de lo que hacemos, conocemos, nos corresponde y además es nuestra responsabilidad.

    Por si la retórica no tuvo su efecto, señores técnicos, DEL ÁRBITRO NO SE HABLA.

     

    Publicado en Técnicos y Jugadores
    6 Febrero 2015

    Acerca del error arbitral

    OBJETIVO > Amonestaciones por dirigirse o protestar decisiones arbitrales = cero (0)

    Muchas veces lo que llegamos a considerar un error no lo es, y se trata de un fallo de apreciación o interpretación por nuestra parte, pero aun siendo un error, nadie es ajeno a él y menos en fútbol. Por ello, perseguirlo y quejarse ininterrumpidamente es una práctica tóxica e innecesaria. Para demostrarlo y proponer otro tipo de actitud y actividades durante la observación o práctica del fútbol nos apoyaremos en algunas ideas del psicólogo Daniel Kahneman.

    Recordemos, tengamos claro y siempre presente que en fútbol el árbitro debe tomar decisiones rápidas y generalmente con incertidumbre o seguridad no plena. En el arbitraje las decisiones se basan en juicios certeros (cercanía, proximidad, visibilidad óptima y concentración) o juicios intuitivos (me lo parece, es una falta típica, es un defensa….). Si asociamos el posible error a las decisiones por juicio intuitivo, podríamos situarnos en un 50% de errores en un partido, obviamente esto no es real, porque los juicios intuitivos, bien por azar, bien porque el error pase desapercibido o por la experturía del sujeto en dicha actividad, al final se produce una rebaja considerable de dicho porcentaje, pero aun así podríamos situar el error entre un 10% y un 30%. Con esto no queremos significar que los árbitros sean malos profesionales, sino que por las características del fútbol e independientemente de su estado físico, experturía y capacitación, siempre cometerán errores, por ello nuestra actitud siempre debe ser la de facilitarles su trabajo, propiciando un estado de ánimo que les lleve a desarrollar su labor de forma óptima, situando el error en su tope mínimo. Por ello y como resumen, proponemos:

    1.  Comprender y aceptar el error arbitral, reflexionar sobre el texto presentado. Facilitar la labor arbitral para que cometa los menos errores posibles.

    2. Apostar por el silencio, bloquear el acto de dirigirse al árbitro, y hasta que se consiga, en ese tránsito, limitar las comunicaciones y siempre dirigirse con respeto y sin reiteración.

    3. Proteger a los compañeros oponiéndose a su protesta. Aproximaros, llamar su atención, alejarlos, intentar que hablen con vosotros...
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