En un equipo de niños es muy normal que aparezca frustración al perder. A esa edad todavía están aprendiendo a gestionar emociones, compararse con otros y entender qué significa competir. Lo importante no es evitar que se enfaden, sino enseñarles a vivir el fútbol de una forma sana y divertida. Si el único mensaje u objetivo es ganar/perder, el disfrute desaparece. Algunas cosas que suelen funcionar muy bien:

Cambiar el foco del resultado al esfuerzo

  • Celebrar acciones concretas, fijarse en aspectos de juego determinado: “Hoy habéis ayudado mucho al compañero”. “Habéis intentado salir jugando”. “No os rendisteis.”

Poner objetivos de tarea pequeños y alcanzables, no de resultado.

  • El éxito no lo marca el resultado, lo marca el/los objetivo/s del partido

Objetivo: “Intentar hacer 5 pases seguidos”
Objetivo: “Intentar intervenir todos en la jugada”
Objetivo: “Animar al compañero cuando le veamos triste o pensativo”

Normalizar la derrota.

  • Incidir y explicar que perder forma parte del deporte. Nadie gana siempre, y siempre se aprende
    de la derrota.

Trabajar la gestión emocional

  • Primero calmarse y luego hablar. Para y piensa. Cuenta hasta tres…
  • Preguntarse por el desempeño, la entrega, el esfuerzo. Preguntas útiles: “¿Qué me/nos salió bien?” “¿Qué me/nos gustó del partido?” “¿Qué podemos probar la próxima vez?”

Promover el compañerismo

  • Reforzar actitudes: ayudar, animar, compartir balón, respetar a los rivales y al árbitro.
  • Fomentar la colaboración en lugar de la competencia constante.

Reducir la presión de los adultos

Los padres también pueden ayudar, evitando críticas por la derrota, hacer comparaciones ofensivas, utilizar etiquetas (“sois muy malos”, “no le poneis lo que hay que poner”, “no sabéis competir”, y sobre todo hablando del resultado todo el camino de vuelta a casa.